Desde hace algo más de cuarenta años, vengo traspasando a figuras de plomo las influencias que libros, películas, ilustraciones e incluso "comics", han ido dejando en mí.

Las figuras que pinto, son en su mayor parte "miniaturas militares", ya que ha sido la Historia, especialmente la Antigua y Medieval, mi mayor fuente de "inspiración". Las escalas más frecuentes que utilizo, son las de 15, 25 y 28 mm. Son las mismas que utilizan los "wargamers", con los que coincido en la necesidad de representar grandes unidades en un mínimo espacio.

Los textos con que acompaño las miniaturas, en ningún caso pretenden ser exhaustivos, ni estudios sobre el período de que se trate. Sólo trato de comentar sucintamente, el ambiente (histórico o imaginario) en que se movieron las figuras representadas.

Animado por amigos y familiares, y especialmente por mi amiga Kirei (artífice además, del soporte técnico que podéis ver), me decido a mostrar públicamente parte de mi colección. Continuaré añadiendo entradas periódicamente.

Llevado de mi impenitente cinefilia, me permito en algún caso, recomendar títulos que pueden ampliar datos a los posibles interesados en los temas tratados.

Espero que os gusten "mis" figuras. Si se os ocurre hacer algún comentario, sugerencia o rectificación, no dudéis en contactarme.

Rodrigo Díaz de Vivar - El Cid Campeador


La figura de Rodrigo Díaz de Vivar, personaje absolutamente histórico, está tan teñida por la Leyenda, que es difícil extraer hechos reales de la intrincada madeja que poesías, cantares y fábulas han tejido en torno a su memoria. Sin embargo, tras siglos de investigación y aún con graves desacuerdos entre los diversos autores, se ha conseguido hacer algo de luz en el asunto, lo que nos permite trazar una semblanza verídica (o casi) del personaje. Y vemos con asombro, que la realidad fue superior a la ficción. Por ejemplo: no hubo un "destierro del Cid", sino dos. Lo veremos al repasar su vida. Pero antes, conviene recordar la situación de España en el tiempo de nuestro héroe.

En la España del siglo XI (el siglo del Cid)

El rey Fernando I (que reinó entre 1037-1065) había conseguido unir bajo su cetro el Reino de León (que incluía Galicia, Asturias y partes de Portugal) con el condado de Castilla, que llegó a abarcar durante su reinado desde Cantabria y Vizcaya al norte, hasta más allá del Duero al Sur. Allí empezaba "la tierra de nadie", la frontera, terrenos yermos tan peligrosos para los cristianos que se aventurasen demasiado al sur, como para los musulmanes que se internasen demasiado al norte; el peligro de encontrarse en cualquier momento con una razzia enemiga era constante.

Por eso, para fomentar el asentamiento cristiano en la zona, ya hacía tiempo que los reyes de León y los Condes de Castilla habían empezado a conceder "presuras"   (otorgamiento de fueros y otras ventajas), a quienes se aventurasen a roturar los terrenos y asentarse en esas "tierras de nadie". Fue el principio de los llamados "caballeros villanos", así denominados porque debían vivir con el arado en una mano, la espada en la otra y el caballo preparado, tanto para defenderse de posibles ataques musulmanes como para acudir a la demanda del rey. Con el tiempo, llegarían a equipararse con la baja nobleza, los infanzones. 


El reino de Fernando I llegó a dominar poco menos de una cuarta parte del territorio peninsular. Los otros tres cuartos, se los repartían al norte, los reinos cristianos de Navarra, Aragón, y los condados catalanes, que totalizarían entre los tres poco menos de medio cuarto. Al sur, y tras la disolución del otrora poderoso Califato de Córdoba (en 1031), eran los reinos de Taifas musulmanes los que dominaban la mayor parte de España: unos dos cuartos y medio; es decir: más de la mitad de la península. Entre los numerosos reinos de taifas, los más importantes eran los de Zaragoza, Valencia, Toledo, Sevilla y Granada.

Se podría pensar que los reinos taifas harían causa común contra los reinos cristianos del norte, o viceversa, que los cristianos se unirían para impulsar la Reconquista y expulsar del solar de sus antepasados a los invasores musulmanes.  Pero no. En la época todos estos estados eran enemigos o amigos entre sí, en función de la oportunidad, el interés y las circunstancias. Tan comunes eran las guerras civiles entre los musulmanes como entre los cristianos. Y comunes eran también las alianzas "anti-natura" entre bandos de religiones opuestas; en unas ocasiones para atacar territorios cristianos y en otras, islámicos.

Un ejemplo de esto, lo vemos en la batalla de Graus (1063), cuando el rey de Aragón Ramiro I intentó apoderarse de aquella ciudad perteneciente al rey taifa de Zaragoza Al Muqtadir, protegido de Fernando I, y éste, envió a su hijo mayor, Sancho, al frente de una mesnada castellanoleonesa que en unión de las tropas árabes vencieron totalmente a los aragoneses. Ramiro I murió en la batalla.


La razón por la que Fernando I apoyó a Muqtadir, era que éste le pagaba lo que se denominaba "las parias": un tributo que los débiles reinos taifas pagaban a los príncipes cristianos, tanto como garantía de no ser atacados por ellos, como por el pago de protección contra ataques de terceros. El sistema de las parias sobreviviría hasta el final de la Reconquista.

Para complicar más las cosas, Fernando I decidió dejar al morir (1065), su reino  dividido entre sus hijos. Seguía para ello el derecho navarro, de tradición germánica, en perjuicio de la costumbre visigoda (fiel al derecho romano), que impedía dividir territorios entre herederos. Sancho recibía Castilla (que pasaba así a convertirse en Reino) y las parias de Zaragoza. Alfonso, heredaba León y las parias de Toledo; García, Galicia y Portugal (también con rango de Reino), más las parias de Badajoz y Sevilla. Sus hijas Elvira y Urraca, los señoríos de Toro y Zamora, respectivamente.

Pero Sancho, que sería conocido como Sancho II de León (Sancho I, en Castilla) y apodado  "el Fuerte", no estaba dispuesto a permitir que un reino que había esperado recibir íntegro de su padre, (como primogénito que era), fuese fragmentado por lo que él entendía un capricho paterno. Y comenzó a "mover fichas". Como una de sus "fichas" era su alférez, que no era otro que Rodrigo Díaz de Vivar, parece un buen momento para que, habiendo esbozado una semblanza de cómo estaba la península en el momento, pasemos a ocuparnos de la vida de Rodrigo.

La enseña que le he colocado al alférez está documentada como una "bandera de mesnada castellana  del siglo XI". Nuestros guerreros 
entran de lleno en tal período y localización, por lo que es muy posible que El Cid llevase entre sus banderas una como ésta. 

Nacimiento y juventud.

Rodrigo nació en Vivar (Burgos), aproximadamente en 1043. La fecha está en discusión; apunto la propuesta por Ramón Menéndez Pidal en su obra "El Cid Campeador" (Austral, 1950) y murió en Valencia, en 1099

En cuanto a su ascendencia, ya Menéndez Pidal en su obra citada, mantenía (con otras palabras) que aunque por parte de madre pertenecía a un antiguo linaje de nobles, los orígenes de su padre habría que buscarlos entre una familia de "caballeros villanos" que se había abierto paso entre la nobleza a base de esfuerzo, valor y logros militares; una familia de infanzones.

Sin embargo, posteriores historiadores discrepan, defendiendo la idea de que sus antepasados paternos también pertenecieron a la más antigua nobleza castellana. En mi humilde opinión, Menéndez Pidal estaba en lo cierto: el Cid debía proceder de una familia de infanzones. Ello, a juzgar por la inquina que le demostraron siempre muchas familias de rancio abolengo, y no solo castellanas, como veremos. Haciendo una arriesgada comparación, se me antoja un caso similar al de Cayo Mario en la historia de Roma: un "hombre nuevo" que por su oscuro origen se vio siempre enfrentado a los patricios y al Senado, quienes no veían con buenos ojos el ascenso social que le proporcionaban sus logros militares. En el caso de Rodrigo, fue (dice Menéndez Pidal), la "invidencia" (envidia) de los nobles "antiguos" lo que le puso las cosas muy difíciles.

Primeros hechos de armas.

Entró muy joven como paje al servicio del infante Sancho. En su Corte se educó tanto militar como culturalmente; pasó a escudero y posteriormente fue armado caballero. En 1063, participó (con unos veinte años) en la citada batalla de Graus, primer hecho de armas que comandó el (todavía) infante Sancho.

Destaca, a la derecha, la protección corporal del lancero. Se trata de una lóriga (o loriga) de escamas de bronce. Su construcción era 
más sencilla y menos costosa que la más común (en el siglo XI) cota de mallas fabricada con anillas de hierro forjado. La sencillez 
y efectividad de la armadura de escamas harían que este tipo de protección se mantuviese aún dos siglos. 

Cuando Sancho se convirtió en Rey de Castilla, en 1065, Rodrigo fue nombrado alférez, esto es: portador de la enseña real. Poco después, en 1067, durante el curso de la guerra conocida como "de los tres Sanchos" (que enfrentaba a Sancho I de Castilla, con Sancho Ramírez de Aragón y Sancho Garcés IV de Navarra) en cumplimiento de sus deberes como alférez, combatió en duelo singular contra el caballero navarro Jimeno Garcés. Se trataba de resolver un viejo pleito con Navarra por la posesión de varios territorios fronterizos. Con la victoria de Rodrigo, los territorios pasaron a Castilla, y por este hecho fue proclamado "Campeador", "vencedor en campo abierto".

En esa calidad de Alférez participó en la guerra que mantuvo Sancho contra sus hermanos en su empeño por reunificar el reino de su padre. En un principio, Sancho se unió a Alfonso VI para destronar a García y arrebatarle Galicia. Más tarde se produjo el inevitable enfrentamiento entre Sancho y Alfonso que culminó en la batalla de Golpejera (1072) con Alfonso preso y posteriormente desterrado a la taifa de Toledo.

Cerco de Zamora y muerte de Sancho II.

Sancho I de Castilla se había convertido en Sancho II de León, y prácticamente había cumplido su sueño de unificar el reino de su padre bajo su mando. Sin embargo, parte de la nobleza leonesa que apoyaba a Alfonso se declaró en rebeldía y se refugió en Zamora, donde fueron acogidos por Urraca. No tardaron Sancho y su portaestandarte Rodrigo en cercar Zamora. Y la ciudad hubiese caído en breve, pero  Sancho fue asesinado por un traidor cuyo nombre no quiero citar aquí (me molestan quienes alcanzan celebridad "a lo Eróstrato") y Alfonso VI fue el heredero final de todas las posesiones de su padre, Fernando I. Corría el año 1072.

El episodio de "la Jura de Santa Gadea" en la que el Cid hizo jurar a Alfonso VI no haber tenido participación ninguna en el asesinato de Sancho, es pura invención de los juglares. Una pena, porque es una escena muy emotiva y ha sido cantada, pintada y cinematografiada, pero eso no la convierte en histórica.

Detalle de la figura de Rodrigo. La miniatura original no tenía bigote, y como nadie puede imaginar
 un "Cid" sin tal elemento, he tenido que echar mano de "putty" y fabricarle uno. 
La barba se supone que la cubre el almófar. ;)

A despecho de la tradición juglaresca, Rodrigo y Alfonso mantuvieron en esa época una buena relación, al punto de que el rey le dio en matrimonio a su prima Jimena Díaz (1074). Producto de ese matrimonio, nacerían tres hijos: un varón, Diego, y dos féminas: María y Cristina (en la leyenda doña Elvira y doña Sol).

Las parias de Sevilla. Batalla de Cabra.

Durante unos años parece que su cometido se centró en actividades jurídicas; existen documentos acreditados en los que Rodrigo Díaz de Vivar aparece como juez. No fue hasta 1079, que fue comisionado por Alfonso VI para, al frente de una hueste castellana, cobrar las parias de Sevilla. Estando en esa ciudad, tuvo noticias de que una fuerte alianza de moros granadinos y cristianos leoneses al mando del conde castellano García Ordóñez saqueaba tierras sevillanas. Al Motamid, rey taifa de Sevilla, pidió ayuda al Campeador, quien comenzó por enviar cartas tanto al rey granadino, Al Mudaffar como al conde Ordóñez para que cesaran en sus correrías considerando que Sevilla era tributaria del rey Alfonso. Como sus misivas no solo no  detuvieron las agresiones, sino que los atacantes se burlaron de él, Rodrigo decidió salir contra ellos con los suyos y la caballería sevillana. En la batalla de Cabra, en inferioridad numérica, Rodrigo consiguió una victoria total, haciendo prisioneros al Conde García Ordóñez y a varios nobles leoneses, que fueron puestos en libertad a los tres días.

Los nobles vencidos en Cabra, encabezados por García Ordóñez (que siempre había odiado a Rodrigo), llenaron de falsedades los oídos del rey, que comenzó a desconfiar del Cid y éste fue el principio de las serias diferencias que surgirían más tarde entre ambos.

Primer destierro.

En 1081, Alfonso sitiaba Toledo. El Cid no participaba en la acción, al parecer por hallarse enfermo en sus tierras. En ese momento una razzia musulmana atacó tierras castellanas tomando Gormaz, en Soria. Rodrigo, enfermo pero no arredrado, formó sus huestes, salió al encuentro de los moros, los derrotó, recuperó Gormaz y no contento con eso, se adentró en las tierras musulmanas de Toledo, las saqueó y regresó a sus posesiones.


Enterado Alfonso de la acción cidiana, y envenado por sus nobles leoneses, decidió desterrar a Rodrigo de su reino por "haber puesto en peligro la acción contra Toledo". Éste fue el primer destierro del Cid (destierro de cuya oportunidad y justicia cabe dudar). Rodrigo dejó a su familia en Castilla y con su mesnada, a la que se unieron otros muchos castellanos, se dirigió en primer lugar a los condes de Barcelona, para ofrecerles su espada. Sus servicios fueron rechazados y se encaminó a Zaragoza donde entró al servicio del rey moro Al Mutadir. Éste moría poco después y se declaraba una guerra civil entre sus hijos, Al Mutamín que heredaba Zaragoza y Al Hayib, que habiendo recibido Denia, se declaraba rey de Lérida, en perjuicio de los derechos de su hermano.

Al servicio de "mi señor Mutamín", en Zaragoza.

Al Hayib solicitó la ayuda militar de Sancho Ramírez, rey de Aragón y de los condes de Barcelona. El Cid, en una rápida acción tomó la ciudad de Monzón ante el ejército aragonés que no pudo impedirlo. Más tarde, habiendo sido sitiada la ciudad de Almenara por la coalición leridano-catalana, Rodrigo atacó con su mesnada (reforzada por tropas de Al Mutamín) a los sitiadores y deshizo el cerco produciendo una gran matanza y tomando prisionero al conde catalán, Berenguer Ramón II, que fue enviado a Zaragoza. Esa fue la batalla de Almenara (1082) que aumentó la fama del Cid entre cristianos y musulmanes, pero también acrecentó la inquina de catalanes y aragoneses contra él, así como los celos de los nobles castellanos y  leoneses.

Durante 1083 el Cid y Alfonso tuvieron una entrevista, pero no llegaron a ningún acuerdo y Rodrigo continuó al servicio de Al Mutamín. Las siguientes campañas a las órdenes del rey zaragozano fueron: saquear Aragón durante cinco días, en respuesta a anteriores razzias aragonesas y destruir el castillo de Morella, en tierras de Al Hayib. Durante 1083 y parte de 1084, y cumpliendo órdenes de Mutamín, Rodrigo construyó frente al de Morella, otro castillo, de nombre Alolala, sobre las ruinas de otro anterior.

Al Hayib de Lérida, sintiéndose amenazado por la construcción del nuevo castillo, llama en su ayuda a Sancho Ramírez de Aragón, que acude presuroso pensando en vengar el saqueo de sus tierras por las huestes cidianas. Llegando a Morella, exigen a Rodrigo que abandone con sus hombres el lugar. Obviamente, se produce la batalla (1084). El Cid, tras la victoria, con un inmenso botín y muchos nobles aragoneses prisioneros, regresa a Zaragoza, donde es recibido por Al Mutamín, sus hijos y una gran muchedumbre que sale a su encuentro para aclamarle.

Figura a punto de pasar por una mano de barniz. O dos. 

Al Mutamín murió en 1085 siendo sucedido por su hijo Al Mustain como rey de Zaragoza, Rodrigo siguió a su servicio. El 25 de mayo del mismo año, Alfonso VI conquistaba Toledo, lo que provocó pánico entre los reinos taifas, que llamaron en su ayuda al emir africano Ben Yusuf. Significaría la invasión almorávide. 

Reconciliación con Alfonso VI.

 Ben Yusuf desembarcaba en España el 30 de junio de 1086. Alfonso VI intentó detenerle en Sagrajas (23 de octubre), pero fue derrotado. Ahora peligraba Toledo y además, ante la derrota cristiana, los taifas se negaron a pagar las parias. Ante la situación, Rodrigo acudió  en ayuda de su (a pesar de todo) rey legítimo. Los almorávides se habían retirado a África, pero volverían, seguro. Alfonso otorgó a Rodrigo el perdón, y le concedió en vasallaje varios castillos y territorios, juntamente con la concesión del dominio de las tierras musulmanas que pudiera conquistar.

En 1088 Valencia es cercada por el rey de Lérida y los condes de Barcelona. El rey de Valencia, Al Qadir, solicita auxilio a Alfonso VI y al rey de Zaragoza. El Cid es enviado con sus huestes, y uniéndose al ejército zaragozano de Al Mustain se dirige a Valencia. Al saber de su llegada, los catalanes y el rey de Lérida se retiran. Y Valencia pasó a pagar parias a Alfonso VI, merced a la gestión de Rodrigo.

En 1089 Ben Yusuf desembarca de nuevo en España a requerimiento del rey taifa de Sevilla, que está siendo acosado por un ejército leonés que radica en Aledo. Y hacia Aledo se dirige Yusuf; pero no viene sólo con sus almorávides, le acompañan en esta ocasión tropas de Granada, Sevilla, Málaga y Almería.

Segundo destierro.

Alarmado, Alfonso se dirige con un ejército hacia Aledo, enviando orden al Cid de unirse a sus tropas por el camino. No se sabe cuál fue el malentendido, pero es el caso que las mesnadas de Rodrigo nunca se unieron al ejército de Alfonso, que llegó a Aledo y levantó el cerco sin el concurso del campeador. No pierden tiempo los nobles leoneses (que dirigidos por el castellano García Ordóñez continúan odiando al Cid), para acusarle de traidor ante el rey.


Figuras terminadas, antes de integrarlas en la peana. Y antes de decidir cambiar el color del escudo del alférez. El escudo "de cometa" 
o "de lágrima", era el arma defensiva más usada en la época por los ejércitos occidentales. En siglos posteriores, y de forma 
paralela  a la evolución de la armadura (con la adición de  brafoneras, hombreras y otros elementos de placas 
metálicas) el escudo no dejaría de menguar su tamaño hasta convertirse en algo minúsculo 
en los siglos XV y XVI, para posteriormente desaparecer en Occidente (excepto
 raros casos, como los highlanders escoceses). 

Alfonso, no sólo le condena a un nuevo destierro (1089); en esta ocasión ordena la confiscación de todos sus bienes, así como la prisión de su esposa e hijos; aunque finalmente, consiente en que éstos le acompañen al destierro.

Acciones en Lérida y tierras levantinas. Por libre.

Llegado este momento, Rodrigo decide que en lugar de buscar un nuevo señor al que servir, va a luchar por sí mismo. Va a reconquistar tierras musulmanas para su propio beneficio, el de su mesnada y el de su familia. Y su primera acción, en 1090, es atacar al rey de Lérida, al que ya había vencido anteriormente. Se apodera de numerosos castillos y territorios que le pagan parias, y se encamina a Valencia, donde el rey Al Qadir, para congraciarse con él, le dona cuantiosos presentes y le ofrece convertirse en tributario a cambio de su protección.

Le llegan noticias de que el rey de Lérida se ha aliado (una vez más) al conde de Barcelona con la intención de acabar con él. El catalán, para incrementar sus fuerzas, pide ayuda a Alfonso VI y a Al Mustain de Zaragoza, pero ninguno de los dos accede a su demanda. El enfrentamiento en el Pinar de Tévar (1090) dio como resultado 5.000 catalanes prisioneros, y que el propio Ramón Berenguer cayese de nuevo en manos de Rodrigo, que consiguió una fortuna por los rescates.

El Cid consiguió dominar una gran cantidad de territorios levantinos. Muchos señoríos musulmanes le pagaban un enorme tributo. Esto exacerbó la envidia (y la codicia) de los nobles castellanos y leoneses. ¿Qué era eso de que un simple infanzón cobrase parias a los moros otorgándose derechos regios? Y una vez más, convencieron a Alfonso para que actuase contra el campeador

Cartel de la película de 1961.

El rey Alfonso con su ejército se presentó en Valencia (1092) la sitió y exigió de la ciudad un tributo cinco veces superior al que pagaba a Rodrigo. Éste, mientras tanto, se había esfumado de Levante, y pasando por Zaragoza se dirigió a la Rioja, donde "no queriendo combatir a Alfonso, sino a los malos consejeros", saqueó a placer las tierras de García Ordóñez durante varios días. Después, regresó a Zaragoza.

En el intermedio, Alfonso VI había pedido ayuda contra el Cid al rey de Aragón y al conde de Barcelona, con el resultado de que ninguno de los dos estaba dispuesto a enfrentarse al de Vivar. Alfonso hizo cuentas: Valencia no caía, ningún estado en la península le apoyaba contra Rodrigo, su estancia en Levante era aprovechada por Mío Cid para devastar La Rioja... si además, la amenaza almorávide seguía latente (y con esos fanáticos no se podía pactar), entonces lo más inteligente era perdonar al Cid, devolverle sus propiedades y tenerle como aliado.

Toma de Valencia y batalla de Cuarte.

A finales de 1092, Al Qadir, rey moro de Valencia (y tributario del Cid) era asesinado por un cadí partidario de los almorávides. Rodrigo abandonó Zaragoza y se dirigió a Levante, donde en 1093 tomaba la fortaleza de Cebolla (hoy El Puig) situada a catorce kilómetros de Valencia. Desde allí, planeó el ataque final a la capital.

En el verano de 1093 Valencia era sitiada por las tropas del Cid. La ciudad solicitó ayuda a los almorávides, quienes después de llegar a unos veinte kilómetros de la capital, se retiraron. Después de casi un año de sitio, Valencia se entregaba a Rodrigo el 15 de junio de 1094.

El Cid (Charlton Heston); Doña Jimena (Sophia Loren); Alfonso VI, (John Frazer) 

El Cid se convirtió en "señor de Valencia" (de esta época procede el título de "Sidi" (=señor) que le otorgaron los árabes y que se castellanizó en "Cid"). Pactó con el nuevo rey de Aragón, Pedro I, y continuó conquistando territorios levantinos musulmanes. Pero la amenaza almorávide no cedía; la toma de Valencia había sido entendida como una gran afrenta por el Islam, y Ben Yusuf, en el otoño de 1094, envió a la península un gran ejército africano (al mando de su sobrino Ben Tasufin), reforzado por tropas de los reinos taifas y guarniciones almorávides. El "descomunal ejército" (palabras de Menéndez Pidal), llegó hasta Cuart de Poblet, y allí les interceptó y les desbarató el Campeador. Fue la "batalla de Cuarte" (21 de octubre de 1094), que significó, además de uno de los más grandes hechos de armas del Cid, la primera derrota importante de los almorávides, que frenó su avance durante varios años.

Últimas conquistas.

En 1097, de nuevo Ben Tasufin intentó recuperar Valencia, y de nuevo Rodrigo le venció, con el concurso de un ejército aragonés, en la batalla de Bairén. Poco después, era Alfonso quien se enfrentaba a un ejército almorávide, y pidió ayuda a Rodrigo, que le envió un contingente al mando de Alvar Fáñez y de su propio hijo, Diego. En la batalla de Consuegra, el 15 de agosto, Alfonso VI fue derrotado y el hijo de Rodrigo resultó muerto; hay quien mantiene que debido a una traición de García Ordóñez, que también estaba presente en el hecho. Fuese así o no, la muerte de su único hijo varón, afectó profundamente al Cid. No obstante, continuó sus conquistas; a finales del mismo año tomó Almenara y en 1098 conseguía apoderarse de Murviedro (hoy Sagunto).  

Al Mutamín (Douglas Willmer); Sancho II (Gary Raymond); García Ordoñez (Raf Vallone) 

En 1099, para reforzar sus alianzas, casó a sus hijas con importantes magnates. A  Cristina con el infante Ramiro Sánchez de Navarra, y a María con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer III. Esos matrimonios fueron origen de muchos reyes que no vamos a citar; baste decir que la sangre del Cid enriqueció las monarquías hispanas. O como dice "El Cantar de Mío Cid": "Hoy los reyes de España sus parientes son, a todos alcanza honra por el que en buena hora nació".

Muerte.

Pero todo lo que nace, muere. Y así, desgastado por esfuerzos continuos, apenado por la reciente muerte de su hijo y  arrastrando secuelas de numerosas heridas sufridas en combate, Rodrigo Díaz de Vivar, que había burlado a la muerte en mil ocasiones, fue alcanzado por ella el 10 de julio de 1099 en Valencia. 

Epílogo.

Al amparo de las concesiones de Alfonso VI, las conquistas de Rodrigo quedaron en poder de su viuda, Doña Jimena, que las defendió mientras pudo. En 1101 una nueva invasión almorávide puso sitio a Valencia. Alfonso VI acudió en su ayuda, y consiguió deshacer el cerco, pero ante la incesante presión islámica y las dificultades que suponía para Alfonso mantener una acción militar tan lejos de sus bases, de común acuerdo con Jimena, decidieron abandonar Valencia. En 1102 evacuaron la ciudad después de incendiarla y Jimena se retiró, llevándose el cadáver del Cid a San Pedro de Cardeña, donde le dio sepultura (aunque hoy sus restos reposan en la Catedral de Burgos). 

No sería hasta 1245, que el rey de Aragón Jaime I el Conquistador, reconquistaba definitivamente Valencia para la cristiandad.

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Doña Urraca (Genevieve Page); Ben Yusuf (Herbert Lom); Alvar Fáñez (Massimo Serato)

Valoración de Rodrigo Díaz de Vivar.

El Cid se ha convertido en el símbolo del caballero castellano, en sinónimo de Reconquista, aún cuando las circunstancias le obligasen (como hemos visto) a luchar en ocasiones a favor de los musulmanes. Cuando tuvo que abandonar Castilla en su primer destierro, no iba solo; le acompañaban varios cientos de hombres. Y él era responsable de la supervivencia de aquel grupo de guerreros. Por tanto, tenía que buscar el medio por el que su mesnada pudiera subsistir. Si ofreció sus servicios a los condes de Barcelona y estos rehusaron su ayuda, y por otra parte, no podía dirigirse a Aragón ni a Navarra donde le tenían por enemigo, sólo le quedaba dirigirse a los reyes taifas. Y eligió Zaragoza. Era pronto aún para (como haría más tarde), hacer la guerra "por su cuenta".

Pero el Cid también es símbolo de lealtad, por cuanto a pesar de verse desterrado, despreciado e incluso atacado por su rey, nunca quiso (aunque pudo) enfrentarse directamente al que consideraba su señor natural. Consumado estratega, odiado y temido, pero respetado por sus enemigos, tanto cristianos como musulmanes, fue idolatrado por sus seguidores, y tras su muerte, no tardó en convertirse en protagonista de leyendas y cantares populares. Es indudable que constituye una figura de primera magnitud en la Historia de España. 

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Mi versión de una carga de caballería cidiana. Pieza completa.

Una película sobre "El Cid".

La repercusión de la figura de nuestro héroe en la literatura y la pintura universales e incluso en teatro y ópera, constituye una prueba evidente de que su fama trascendió fronteras. Y como no podía ser de otra manera, también el Cine se ha ocupado de él. Aunque se han filmado muchas producciones, es "El Cid" de Anthony Mann, rodada en 1961, la película que a decir de muchos, constituye el mejor acercamiento cinematográfico al personaje.

 El film ha sido denostado por apartarse de los hechos reales, pero habría que considerar que sigue relatos juglarescos más que datos históricos, por lo que muchas de esas inexactitudes, son tan antiguas como la "Historia Roderici" (c. 1188) o el "Cantar de Mío Cid" (c. 1200), dos de los textos medievales que ya ensalzaban la figura cidiana por encima de la realidad. Pero tanto entonces como ahora, se trataba de lograr un relato interesante y motivador; y como decía aquél: "No vamos a permitir que la realidad nos eche a perder una buena historia". ;)

Si consideramos la película como una aproximación a la España medieval y a la figura del Cid, entendido como héroe excepcional (está claro que para obtener datos históricos serios tenemos otras fuentes), entonces convendremos que estamos ante un espectáculo total, excelentemente interpretado, guionizado y musicalizado; y que con todas sus imperfecciones de vestuario, armamento, decorados y demás, consigue un relato que engancha desde el principio (en sus más de tres horas de duración) y sobre todo, ofrece unos retratos humanos que (en mi opinión y a juzgar por lo que podemos vislumbrar entre las brumas de la Historia) se asemejan bastante a los auténticos protagonistas que vivieron los hechos del Cid.


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Las figuras, de "Crusader Miniatures", en 28mm.


- Laus Deo -