Desde hace algo más de cuarenta años, vengo traspasando a figuras de plomo las influencias que libros, películas, ilustraciones e incluso "comics", han ido dejando en mí.

Las figuras que pinto, son en su mayor parte "miniaturas militares", ya que ha sido la Historia, especialmente la Antigua y Medieval, mi mayor fuente de "inspiración". Las escalas más frecuentes que utilizo, son las de 15, 25 y 28 mm. Son las mismas que utilizan los "wargamers", con los que coincido en la necesidad de representar grandes unidades en un mínimo espacio.

Los textos con que acompaño las miniaturas, en ningún caso pretenden ser exhaustivos, ni estudios sobre el período de que se trate. Sólo trato de comentar sucintamente, el ambiente (histórico o imaginario) en que se movieron las figuras representadas.

Animado por amigos y familiares, y especialmente por mi amiga Kirei (artífice además, del soporte técnico que podéis ver), me decido a mostrar públicamente parte de mi colección. Continuaré añadiendo entradas periódicamente.

Llevado de mi impenitente cinefilia, me permito en algún caso, recomendar títulos que pueden ampliar datos a los posibles interesados en los temas tratados.

Espero que os gusten mis figuras. Si se os ocurre hacer algún comentario, sugerencia o rectificación, no dudéis en contactarme.

El Ejército Egipcio del Imperio Nuevo - Ramsés II

Oficial, músico y estandarte encabezan una división del ejército.

Aproximadamente en 3100 a.C., el primer Faraón, Menes, unificaba las tierras del Alto y Bajo Egipto dando origen a la Primera Dinastía y al Imperio Antiguo. Desde ese momento hasta la invasión de los hicsos, en torno a 1720, que acabó con el ya maltrecho Imperio Medio, transcurrieron 1400 años durante los cuales los únicos enemigos que Egipto debió afrontar fueron las tribus libias del Oeste, las nubias del Sur, y pequeñas incursiones de nómadas desde el Este. Para mantener a raya a estos pueblos afincados aún en la Edad de Piedra, bastaban unas pocas guarniciones en determinados puestos fronterizos reforzados por levas cuando la situación lo requería.

Los oficiales pertenecían a familias distinguidas y próximas al Faraón. Eran los únicos que portaban defensas metálicas.

Siendo un pueblo poco amigo de innovaciones (sus costumbres, religión y expresión artística no cambiaría -con el paréntesis de Akhenaton- en 3000 años), y estando apartados por completo de la evolución bélica que vivía Mesopotamia, su inferioridad combativa frente a los  invasores hicsos era manifiesta.  

El infante común no poseía más protección que un escudo fabricado con dos láminas de madera. Su arma ofensiva, 
generalmente era una simple lanza de punta de cobre. El bronce tardaría aún en ser común en Egipto. 

Los hicsos (cuyo nombre deriva de una palabra egipcia que significa "reyes extranjeros") procedían de Canaán y zonas limítrofes y entraron en Egipto atravesando la península del Sinaí. De ninguna manera constituían un solo pueblo; eran una amalgama de tribus indeterminadas, que sin embargo, poseían la fórmula militar que se había impuesto en el Medio Oriente: el caballo y el carro de guerra. Ambos elementos eran desconocidos en Egipto. También disponían de  mejores arcos y flechas. 

Su aparente "pelo" era en realidad una peluca fabricada en lana o fibra que les protegía tanto de los rayos del sol, como de golpes leves.

Detallemos que no sólo el caballo fue desconocido en Egipto hasta la citada invasión; tampoco existía el camello (o dromedario, más propiamente), que no se introduciría hasta después de la conquista de Alejandro. El único animal de tiro o monta existente, como acreditan las pinturas de las pirámides, fue el asno.

La infantería avanzando.

La dominación de los hicsos se mantuvo durante aproximadamente 150 años. Durante ese período y formando parte de las innumerables tribus invasoras, penetraron en Egipto los israelitas. Los hicsos tuvieron su capital en el Delta, que llamaron Avaris, y formaron sus propias dinastías. Pero en el Sur, en Tebas, donde no había llegado el poder de los invasores, crecía el descontento contra los extranjeros, y en tiempos de la XVII Dinastía comenzó la rebelión abierta, que con el advenimiento de Ahmosis y de la gran Dinastía XVIII, conseguía expulsar a los hicsos del país en torno a 1570 aC.

El arco era un arma de gran tradición e importancia entre los egipcios. Incluso los Faraones tenían a gala ser expertos arqueros, tanto en acciones guerreras como cinegéticas.

Para conseguir vencer a los invasores, los egipcios tuvieron que aprender de ellos; se hicieron excelentes combatientes utilizando la que había sido "arma secreta" de los hicsos: el carro de guerra. Igualmente mejoraron sus arcos y formaciones militares.


Los arqueros solían iniciar el ataque, en vanguardia de la infantería. Posteriormente se replegaban a los flancos.

La XVIII Dinastía fue la más poderosa que jamás tuvo el país del Nilo. Reyes guerreros como el citado Ahmosis, Amenofis I, Tutmosis I, y sobre todo el gran Tutmosis III, llamado "el Napoleón Egipcio", ampliaron su imperio por el Sur hasta la Cuarta Catarata, por el Oeste dominaron Libia, y por el Este rebasaron el Sinaí para conquistar Siria y Palestina; incluso en algún momento dominaron todos los territorios hasta el Éufrates.


Algunos cuerpos de élite, portaban defensas corporales de lino endurecido. Su escudo era de madera reforzada por piezas metálicas.

Posteriormente, tercero de la Dinastía XIX, reinaría Ramsés II, posiblemente el más conocido Faraón de la Historia de Egipto. Eso si nos atenemos a sus hechos, porque en otro orden de cosas, seguramente sea más famoso Tutankhamon, el cual (pobrecillo) murió con diecinueve años y su único "mérito" radica en el hecho de que su tumba fuera descubierta (en 1922 por Howard Carter), sin haber sido violada, y por tanto, con todo su ajuar completo. Un gran hallazgo para la Arqueología y la Historia del Arte, pero un personaje "vacío" para la Historia del Mundo.

Sus armas ofensivas eran más pesadas que las de la infantería común. Aquí, les vemos armados con una "maza-hacha" 
de mango de madera y hoja de cobre. Podía usarse a dos manos, y en este caso, el escudo se colgaba a la espalda.

Ramsés II, por el contrario, disfrutó de una larga vida (no hay unanimidad sobre su edad al fallecer, pero debía superar con creces los noventa), reinó 66 años (desde 1279 hasta 1213 aC. aproximadamente, las fechas están en discusión), su tumba fue saqueada en varias ocasiones y su papel en el devenir de Egipto fue determinante.


Los carros, parte decisiva del ejército egipcio durante el Imperio Nuevo. 

Fue asociado al trono por su padre, Seti I, a los diez años y nombrado "jefe del Ejército". Al heredar el trono tenía unos 25. Está considerado el Faraón que más templos, palacios, estatuas y obeliscos mandó construir durante su reinado. Pero sus tiempos no eran ya los de Tutmosis III, cuando el poderío egipcio fue indiscutible para todos sus vecinos.


Poseían una gran maniobrabilidad. Un auriga experto podía girar 180 grados en un espacio mínimo.

 Cierto que nubios y libios estaban absolutamente dominados, pero al Este, había surgido un pueblo que discutía a Egipto la posesión de Siria: los hititas. Éstos tenían su capital en Hattusas, Anatolia (=Asia Menor), y basándose en su superioridad militar (conocían el hierro), habían conquistado grandes zonas de Siria y entrado en colisión con los intereses egipcios ya en tiempos de la XVIII Dinastía. 


Los carros cargaban sobre el enemigo tras las descargas de los arqueros y un tanteo de los infantes.

Ahora, en 1274 aC. Ramsés II se vio obligado a actuar contra los hititas que bajo el mando de su rey Muwatalli, marchaban contra Egipto, dirigiéndose al sur por Siria, y añadiendo a su ejército contingentes de aliados que enrolaba sobre su avance.


Una carga de carros dirigida por el Faraón.

El encuentro se produjo cerca de la ciudad de Kadesh, que da nombre a la batalla, junto al río Orontes. Aunque en las inscripciones que dejó Ramsés, se proclama vencedor del combate, y asegura haber luchado "él solo" (tras la desbandada de parte de sus tropas) contra la totalidad del ejército enemigo y haberlo masacrado, la verdad es que el asunto debió quedar "en tablas", ya que Kadesh continuó bajo dominio hitita, y posteriormente Muwatalli conquistó otras zonas de Siria ajenas a Egipto.


Y aquí tenemos al mismísimo Faraón; el "dios en la tierra": Ramsés II. Va tocado con la 
"corona de guerra" o "corona azul", conocida en egipcio como "kopersh".

Sin embargo, cierto es que desde aquel momento, hititas y egipcios no volvieron a enfrentarse seriamente. Poco después de la batalla se celebró un Tratado de Paz, Ramsés se caso con una princesa hitita, y volvió a su frenesí constructor y a las delicias de su harén.


Cada carro tenía asignado un número de soldados que corrían tras él con el fin de 
rematar heridos o moribundos que aquél fuese dejando a su paso, y también de apoyarle en caso de necesidad.

La importancia de la batalla de Kadesh radica en que si no se hubiese detenido el avance hitita, la civilización egipcia hubiese tenido las horas contadas. Posteriormente, Ramsés trasladaría su capital al Bajo Egipto, en el Delta, donde edificaría la ciudad de Pi-Ramsés, con lo cual pretendía estar más próximo a posibles invasiones desde el Norte.


Detalle de los "corredores de carros".

El ejército egipcio en la época de Ramsés II estaba dividido en cuatro grandes partes, cada una de ellas de 5000 hombres, de los cuales, 4000 integraban la infantería y 1000 la dotación de los 500 carros que formaban en cada división, a razón de dos hombres por carro: auriga y arquero. Cada una de las divisiones recibía el nombre de un dios del panteón egipcio: Amón, Ra, Ptah, y Seth. La primera era mandada por el propio Faraón.


Monjes arqueros.  

Ramsés aumentó en el ejército la proporción de contingentes mercenarios frente a la creciente renuencia de los propios egipcios a nutrir sus filas. A los nubios y libios que ya existían, añadió numerosas tropas procedentes de Canaán y Siria. Enfrentándose a los sacerdotes de Amón,  cuyo poder crecía desmesuradamente, recortó sus prebendas e incluso retiró de los templos parte de sus diáconos con los que formó cuerpos de arqueros.



Después de la batalla de Kadesh, (y de diezmar a los oficiales de las unidades que se habían desbandado en las primeras fases de la batalla), tendió cada vez más a que los altos cargos del ejército fuesen ocupados por personas próximas a su familia e incluso por muchos de sus propios hijos. No en vano se le acreditan varios cientos de ellos, procedentes de decenas de esposas y concubinas.


Mercenarios nubios. 

Algunos autores sostienen que fue Ramsés II el "Faraón" citado en la Biblia como oponente de Moisés durante el Éxodo israelita. Pero tal cosa dista de estar comprobada.

Entre los muchos pueblos que fueron obligados (o contratados, según los casos) por los egipcios a incorporarse a su ejército, los nubios fueron los primeros. Consta la existencia de arqueros de esta procedencia desde el Imperio Antiguo.

El gobierno de Ramsés II fue el último gran período del Egipto Faraónico. Y aún así, no pudo ampliar el reino como habían hecho sus grandes predecesores, sino únicamente mantener sus fronteras. Tras él, las invasiones de los Pueblos del Mar, la rebelión de libios y nubios y la  usurpación de los sacerdotes, dejaron a Egipto debilitado y presa fácil para Asurbanipal, rey de los asirios, que en 663 aC. convertía Egipto en provincia de Asiria. 

El ejército completo en su orden habitual de ataque. Arqueros en vanguardia y en los flancos, seguidos por la infantería media y los carros; 
cerrando la marcha el Faraón con sus cuerpos de élite. Se adjunta un elemento para "dimensionar" las figuras.

La película que ha sido considerada como la que más fielmente refleja el ambiente civil, militar y religioso del Antiguo Egipto, es "Faraón" (Jerzy Kawalerowicz, 1966). Aunque siempre será digna de recuerdo por la grandiosidad con que presenta la civilización de los faraones, la célebre "Los Diez Mandamientos" (Cecil B. DeMille, 1956), donde vemos a Ramsés II encarnado magníficamente por Yul Brinner. 

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Las figuras, de Essex Miniatures, 15 mm.