Desde hace algo más de cuarenta años, vengo traspasando a figuras de plomo las influencias que libros, películas, ilustraciones e incluso "comics", han ido dejando en mí.

Las figuras que pinto, son en su mayor parte "miniaturas militares", ya que ha sido la Historia, especialmente la Antigua y Medieval, mi mayor fuente de "inspiración". Las escalas más frecuentes que utilizo, son las de 15, 25 y 28 mm. Son las mismas que utilizan los "wargamers", con los que coincido en la necesidad de representar grandes unidades en un mínimo espacio.

Los textos con que acompaño las miniaturas, en ningún caso pretenden ser exhaustivos, ni estudios sobre el período de que se trate. Sólo trato de comentar sucintamente, el ambiente (histórico o imaginario) en que se movieron las figuras representadas.

Animado por amigos y familiares, y especialmente por mi amiga Kirei (artífice además, del soporte técnico que podéis ver), me decido a mostrar públicamente parte de mi colección. Continuaré añadiendo entradas periódicamente.

Llevado de mi impenitente cinefilia, me permito en algún caso, recomendar títulos que pueden ampliar datos a los posibles interesados en los temas tratados.

Espero que os gusten "mis" figuras. Si se os ocurre hacer algún comentario, sugerencia o rectificación, no dudéis en contactarme.

Guerras Médicas - La Falange Ateniense


Fue en algún momento del siglo VIII que los griegos abandonaron la forma de lucha desordenada de los tiempos “heroicos” y adoptaron un sistema de combate muy peculiar y absolutamente disciplinado: la falange. 

En una entrada anterior hemos estudiado el armamento individual de los componentes de la falange: los "hoplitas", por lo que aquí nos centraremos en la "Falange" como fuerza de combate.


Era ésta una formación en línea con una profundidad de ocho hombres y una anchura tan amplia como permitiese el total de efectivos, el terreno en que se moviesen y la extensión del frente enemigo. En ocasiones, si se necesitaba ampliar el frente, la profundidad era reducida a cuatro hombres, el mínimo para que la táctica falangítica pudiese funcionar.


Con excepción de Esparta, estado absolutamente militarizado que mantenía a sus "espartiatas" constantemente sobre las armas, el resto de ciudadanos griegos eran soldados a "tiempo parcial". Se trataba de milicias ciudadanas formadas por soldados-campesinos, que pasado el peligro regresaban a sus quehaceres cotidianos. Este estado de cosas cambiaría más tarde... pero estamos en el final del siglo V.

Suena la trompeta, las unidades se preparan...

En Atenas, todos los varones entre los 19 y los 59 años estaban sujetos al servicio militar. Se ha calculado que la ciudad podía movilizar hasta 30.000 hombres, de los cuales únicamente una tercera parte aproximadamente eran hoplitas. El resto, así como los menores de 19 y los mayores de 59, hacían funciones de guarnición y servicios auxiliares.

La falange se formaba entre los ciudadanos pertenecientes a las clases medias y altas, sólo ellos podían permitirse la adquisición de un equipo completo: yelmo, coraza, grebas, escudo, lanza y espada alcanzaban un coste prohibitivo. Para transportar las armas en marchas y desplazamientos, los hoplitas solían acompañarse de un sirviente. Éstos podían participar en las batallas como "psiloi" (=hostigadores), actuando como lanzadores de jabalina u honderos.  

...y toda la línea avanza.

Esparta entrenaba a sus hoplitas en una gran variedad de movimientos y tácticas combativas, que de ninguna manera se emplearon nunca en otras polis. En Atenas la táctica era sencilla como el mecanismo de un chupete y efectiva como el puño de un herrero. Se trataba simplemente de embestir al enemigo con el escudo en el brazo izquierdo y la lanza sobre el hombro derecho acuchillando lo que se pusiera por delante. La primera y segunda línea podían utilizar sus lanzas, las restantes se limitaban a empujar a las delanteras, tratando de romper la línea enemiga.

Milcíades, artífice de la victoria en Maratón.

La falange ateniense de dividía en diez partes, correspondientes a las tribus que formaban la población (Erectea, Cécrope, Egea, Pandionisia, Leóntida, Antioquea, Enea, Hipopóntide, Acamántide y Ayántide). Cada una de ellas facilitaba unos 1.000 hoplitas mandados por un "strategos". 

El mando total de la falange lo ejercía el "arconte polemarco" (elegido democráticamente), que se situaba en el flanco derecho, puesto de honor en los ejércitos griegos, y al mismo tiempo el más peligroso, puesto que el empuje natural de la falange tendía a desplazarse hacia ese lado. Esto se debía al movimiento instintivo de cada falangita, al acercarse al compañero de la derecha para protegerse con su escudo la parte del cuerpo que no cubría el propio.

"Psiloi". Lanzadores de jabalina y honderos. Si estuvieron en Maratón, ninguna fuente los cita.

Este desplazamiento de la falange, fue explotado como movimiento táctico por el tebano Epaminondas en la batalla de Leuctra (371 aC.), consiguiendo vencer a los imbatibles (hasta entonces) espartanos. Pero para eso faltaban más de cien años.

Los ejércitos griegos, excepto Tesalia y Macedonia, no dispusieron de caballería hasta la Guerra del Peloponeso. Tampoco se habían creado aún cuerpos de arqueros ni peltastas. 

La Falange completa. En Maratón la integraban 10.000 hombres.

La falange sufriría transformaciones en armamento y táctica a lo largo de seis siglos. Evolucionó para aumentar su capacidad de movimiento y adaptación a los imprevistos del combate, aunque esta evolución no impidió que en el siglo II aC. fuera arrollada por las legiones romanas. 

Pero durante el desarrollo de las "Guerras Médicas" (500-479 aC.) la táctica falangítica se impuso en todo momento al enorme pero heterogéneo ejército persa.

Foto para "dimensionar" las figuras.

Tristemente, tanto en los "epic" americanos como en los "peplums" italianos, conceptos como "mantener la línea" o "avanzar en formación", parecen ser desconocidos y sólo nos muestran combates "a mogollón" donde no hay retaguardia, ni flancos, ni nada que se le parezca. Sólo follón. Unas reconstrucciones de combates que harían enrojecer de vergüenza a un honrado hoplita ateniense del siglo V aC.

Aunque parece que últimamente los cineastas están "afinando" un poco. Así, Oliver Stone en "Alejandro" (2004), nos muestra en su recreación de la batalla de Gaugamela, unos convincentes movimientos de tropas. Y aunque no sea este período el que comentamos aquí, nos sirve de referencia de cómo debe filmarse una batalla.


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Las figuras, de Essex Miniatures. 15mm.