Desde hace algo más de cuarenta años, vengo traspasando a figuras de plomo las influencias que libros, películas, ilustraciones e incluso "comics", han ido dejando en mí.

Las figuras que pinto, son en su mayor parte "miniaturas militares", ya que ha sido la Historia, especialmente la Antigua y Medieval, mi mayor fuente de "inspiración". Las escalas más frecuentes que utilizo, son las de 15, 25 y 28 mm. Son las mismas que utilizan los "wargamers", con los que coincido en la necesidad de representar grandes unidades en un mínimo espacio.

Los textos con que acompaño las miniaturas, en ningún caso pretenden ser exhaustivos, ni estudios sobre el período de que se trate. Sólo trato de comentar sucintamente, el ambiente (histórico o imaginario) en que se movieron las figuras representadas.

Animado por amigos y familiares, y especialmente por mi amiga Kirei (artífice además, del soporte técnico que podéis ver), me decido a mostrar públicamente parte de mi colección. Continuaré añadiendo entradas periódicamente.

Llevado de mi impenitente cinefilia, me permito en algún caso, recomendar títulos que pueden ampliar datos a los posibles interesados en los temas tratados.

Espero que os gusten "mis" figuras. Si se os ocurre hacer algún comentario, sugerencia o rectificación, no dudéis en contactarme.

Napoleónicos - Francia - Granaderos de la Guardia

Granaderos de la Vieja Guardia de Napoleón.

El ejército francés de las "Guerras Napoleónicas", ya cuenta con tres entradas anteriores en este (vuestro) blog: Infantería, Caballería y Artillería. Faltaba, sin embargo, una dedicada a la Guardia de Napoleón. Y ya que pintaba a la Guardia, concretamente los granaderos de la Vieja Guardia, me ha parecido oportuno pintar también al "gran corso" para que los acaudille  en mis estantes.


La denominada "Guardia Imperial" fue creada por Bonaparte en 1804 (mismo año en que se proclamó Emperador). Su antecedente había sido la "Guardia Consular". En principio se constituyó como protección personal del Emperador, pero con el tiempo se convirtió en la principal herramienta de combate de Napoleón que la utilizó frecuentemente como reserva para decidir a su favor el final de una batalla.  

Se dividía en tres partes: la Joven Guardia, la Guardia Media y la Vieja Guardia, siendo esta última lo "mejor de lo mejor" del ejército francés. Y dentro de esa élite guerrera, los granaderos eran a su vez, lo mejor.


La Guardia tenía entre sus filas, formaciones de infantería, caballería y artillería, constituyendo  un ejército dentro del ejército. No era un elemento uni-nacional, entre ellos existían unidades integradas por polacos, tártaros, mamelucos, holandeses...

Entre las fuerzas de a pie, militaban cazadores, granaderos, granaderos tiradores, fusileros granaderos, voltigeurs, zapadores e incluso infantes de Marina.

Entre los montados: granaderos a caballo, cazadores a caballo, gendarmes, lanceros, mamelucos, dragones, exploradores y artilleros a caballo.

Detalle del grupo de mando y vista dorsal de los granaderos que permite ver su magnífico equipo de campaña.

Las condiciones para poder ingresar en la Guardia eran: altura mínima de 1,83 m para los granaderos, 1,73 para el resto; diez años de servicio para la Vieja Guardia y ocho para la Media y la Joven; haber demostrado valor en campaña y saber leer y escribir. Entre los granaderos era obligatorio el uso de bigote. 

En 1814 los efectivos totales de la Guardia llegaron a sobrepasar los 112.000 hombres. Sin embargo, en 1815, tras las derrotas en Rusia y en España, y tras el retorno del corso de su exilio en Elba, únicamente constaba de unos 25.000. Parte de estos hombres, componentes de la Vieja Guardia y verdaderos fanáticos de Bonaparte, fueron los que cubrieron su retirada del campo de batalla en Waterloo, cuando la llegada de los prusianos reforzó las líneas británicas y provocó la debacle del ejército francés.


Poco antes de la huida de Napoleón del campo, se había producido un hecho que provocó el pánico en las líneas del ejército regular francés: cuando la Vieja Guardia atacó el Monte Saint Jean, en inferioridad numérica, las descargas cerradas de la fusilería británica hicieron retroceder a la Guardia por primera vez. El grito de "¡la Guardia retrocede!" recorrió el campo y provocó primero la desmoralización y luego la desbandada. 

Dos batallones de la Vieja Guardia formaron en cuadro para cubrir la retirada del resto del ejército y la de su Emperador que ya se alejaba a caballo del campo de batalla. Acribillados de cerca por la artillería británica, aniquilados por descargas de fusilería, no cejaban en su empeño en defender su posición, respondiendo al fuego con fuego, pero quedando en pie cada vez menos.

Napoleón Bonaparte, escoltado por los mariscales Grouchy y Ney.

Fue entonces cuando un oficial británico les gritó: "¡Rendíos, valientes franceses!". A lo que el general Cambronne, que en esos momentos mandaba lo que quedaba de la Vieja Guardia, respondió: "La Guardia muere pero no se rinde". Poco después, otro grito británico: "¡Rendíos, granaderos!". Y Cambronne (dicen) perdida ya la compostura y extenuado, contestó: "¡Merde!". Creo que no precisa traducción la palabra francesa.

 Pero la Vieja Guardia no murió (al menos no toda) y sin embargo, sí se rindió. Lo que no impidió que fuese la suya durante Waterloo una lección de moral, comportamiento militar y disciplina, y que hoy se la recuerde como uno de los mejores cuerpos de ejército que han existido.


En cuanto a Napoleón, mi opinión es que fue un estratega formidable, pero también un hombre ambicioso en exceso, incapaz de soportar la menor oposición a su voluntad, nepotista consumado, que en aras de su megalomanía dejó Europa en llamas, dueño de la mayor egolatría y en el fondo (a pesar de aquello de "liberté, egalité, fraternité"), un tirano como ha habido pocos. Bien lo entendió Ludwig Van Beethoven, que en 1804, tras haberle dedicado la Tercera Sinfonía (la "Heroica"), al tener noticia de que se había proclamado Emperador (es decir, "rey de reyes"), rompió la dedicatoria exclamando: "Entonces... ¡no es más que un hombre!.

El Corso, arengando a la Vieja Guardia.

Napoleón Bonaparte nació en Ajaccio, Córcega en 1769 y murió durante su segundo y definitivo exilio, en Santa Elena, en 1821. Sus ultimas palabras fueron: "...tête... armée... ¡Mon Dieu!" (= "...cabeza... ejército... ¡Dios mío!") . Parece ser que su mente vagaba aún por algún lejano campo de batalla

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Las figuras, de Essex Miniatures, 15mm.