Desde hace algo más de cuarenta años, vengo traspasando a figuras de plomo las influencias que libros, películas, ilustraciones e incluso "comics", han ido dejando en mí.

Las figuras que pinto, son en su mayor parte "miniaturas militares", ya que ha sido la Historia, especialmente la Antigua y Medieval, mi mayor fuente de "inspiración". Las escalas más frecuentes que utilizo, son las de 15, 25 y 28 mm. Son las mismas que utilizan los "wargamers", con los que coincido en la necesidad de representar grandes unidades en un mínimo espacio.

Los textos con que acompaño las miniaturas, en ningún caso pretenden ser exhaustivos, ni estudios sobre el período de que se trate. Sólo trato de comentar sucintamente, el ambiente (histórico o imaginario) en que se movieron las figuras representadas.

Animado por amigos y familiares, y especialmente por mi amiga Kirei (artífice además, del soporte técnico que podéis ver), me decido a mostrar públicamente parte de mi colección. Continuaré añadiendo entradas periódicamente.

Llevado de mi impenitente cinefilia, me permito en algún caso, recomendar títulos que pueden ampliar datos a los posibles interesados en los temas tratados.

Espero que os gusten "mis" figuras. Si se os ocurre hacer algún comentario, sugerencia o rectificación, no dudéis en contactarme.

Invasiones de los siglos IV-V - Los Hunos - Atila

Atila, al frente de sus huestes

Los hunos procedían de las estepas euroasiáticas y mongolas, La mayoría de historiadores está de acuerdo en que se trata del mismo pueblo que las crónicas chinas mencionan como los "hsiung-nu". Incluso se piensa que la Gran Muralla fue construida (siglo III a.C.) para defenderse de sus incursiones.   


Rechazados en Oriente, comenzaron  su migración hacia Occidente, que duró siglos. No tenían prisa. Durante un tiempo estuvieron asentados en el sur de Rusia y posteriormente en Panonia (actual Hungria, en la que dejaron su nombre).


En el siglo IV irrumpieron en las fronteras del Imperio. Se trataba de un pueblo desconocido para los romanos. Los autores que nos los describen (Zósimo, Amiano Marcelino, Jordanes), nos pintan un cuatro terrorífico de ellos. Nos dicen que eran unas gentes que vivían a lomos de sus caballos y que incluso, dormían sobre ellos; que poseían una belicosidad extrema y que  desconocían el uso del fuego para cocinar: las carnes de los animales que cazaban eran maceradas bajo la silla de montar. 


En su avance habían sometiendo a vasallaje numerosas tribus germanas (ostrogodos,  gépidos, burgundios), así como indo-iranias (sármatas, escitas), que pasaban a engrosar su ejército. Otros pueblos, ante su empuje, optaron por huir hacia Occidente arrasando el "limes" romano; suevos, vándalos y alanos llegaron hasta Hispania. Posteriormente, los visigodos, que como  federados del Imperio fundarían más tarde en la Galia el reino de Tolosa.


Sonó entonces la hora de Atila (395-453). El rey Rugila había muerto en 434 ordenando que el mando fuese ejercido conjuntamente por sus sobrinos Atila y Bleda. pero tras el asesinato de éste, Atila quedó como único gobernante de los hunos y señor absoluto de todos los pueblos a ellos sometidos.


Comenzaba a gestarse la leyenda. Para los romanos, Atila se convirtió en "El Azote de Dios", y llegó a hacerse célebre la frase que decía que "donde pisaba su caballo no volvía a crecer la hierba".

Tras devastar partes del imperio de Occidente, y ser aplacado mediante el pago de importantes tributos y el nombramiento de "magister militum", se dirigió a la Persia Sasánida, con intención de conquistarla, pero fue derrotado y miró entonces hacia Constantinopla, capital del Imperio Romano Oriental. Allí, Teodosio II volvió a pagarle una ingente cantidad de oro (se habla de 2.000 kilos), y le animó a dirigirse hacia Occidente.


Tras muchos y diversos acontecimientos que rebasan la intención de este escrito, en 451, el ejército de Atila, con sus contingentes germanos entre los que destacaban ostrogodos y gépidos, se enfrentó al ejército romano de Occidente, al mando del general Aecio, aliado en esta ocasión con alanos y visigodos.

La batalla que de desarrolló a continuación se conoce como "Los Campos Cataláunicos", aunque otros prefieren denominarla "de Chalons". En cualquier caso, la pugna terminó con una retirada de Atila, si bien la mayoría de sus fuerzas quedaban indemnes.


Un año después, en 452, Atila invadió de nuevo Italia con la intención de tomar Roma. En las orillas del río Po recibió una delegación encabezada por el Papa León I. No se sabe lo que se habló en esa reunión, pero es el caso que Atila se retiró a Panonia, donde al año siguiente moría durante la celebración de uno de sus numerosos matrimonios. Tras su muerte, los pueblos que le habían estado sometidos se liberaron de la férula de los hunos y éstos se disolvieron.


Como todos los pueblos de las estepas, los hunos eran un ejército a caballo. Posiblemente fueran los primeros jinetes en utilizar el estribo. Su táctica consistía en utilizar los arqueros montados para desorganizar las formaciones enemigas, y una vez éstas en desorden, cargar con los lanceros.

La figura de Atila se conserva en las tradiciones germánicas: en "El Cantar de los Nibelungos" aparece como Atli, en "La Saga de los Volsungos" y la "Edda Mayor", como Etzel.


Para ilustrar cinematográficamente la leyenda de Atila, podemos visionar "Los Nibelungos" (Fritz Lang, 1924) o su "remake" de 1966 (Harald Reinl). Un magnífico "azote de Dios" encarna Jack Palance en  "Atila, Rey de los Hunos" (Douglas Sirk, 1954) y (aunque inferior película) en "Atila, hombre o demonio", no lo hace mal Anthony Quinn (Pietro Francisci, también de 1954)


Figuras de "Essex Miniatures". 15mm.