Desde hace algo más de cuarenta años, vengo traspasando a figuras de plomo las influencias que libros, películas, ilustraciones e incluso "comics", han ido dejando en mí.

Las figuras que pinto, son en su mayor parte "miniaturas militares", ya que ha sido la Historia, especialmente la Antigua y Medieval, mi mayor fuente de "inspiración". Las escalas más frecuentes que utilizo, son las de 15, 25 y 28 mm. Son las mismas que utilizan los "wargamers", con los que coincido en la necesidad de representar grandes unidades en un mínimo espacio.

Los textos con que acompaño las miniaturas, en ningún caso pretenden ser exhaustivos, ni estudios sobre el período de que se trate. Sólo trato de comentar sucintamente, el ambiente (histórico o imaginario) en que se movieron las figuras representadas.

Animado por amigos y familiares, y especialmente por mi amiga Kirei (artífice además, del soporte técnico que podéis ver), me decido a mostrar públicamente parte de mi colección. Continuaré añadiendo entradas periódicamente.

Llevado de mi impenitente cinefilia, me permito en algún caso, recomendar títulos que pueden ampliar datos a los posibles interesados en los temas tratados.

Espero que os gusten "mis" figuras. Si se os ocurre hacer algún comentario, sugerencia o rectificación, no dudéis en contactarme.

Monjes versus demonio; o "exorcismos a lo bestia"


A finales del siglo XIV, durante la última noche del mes de abril de un año que no detallan las crónicas, en la abadía de San Apapurcio del Monte tuvieron lugar extraños hechos. Acababa la comunidad de rezar "las completas" y los monjes de disponían a retirarse a sus celdas cuando se oyó un espantoso estrépito en el exterior. 


Parecía como si se hubiese derrumbado parte del muro que bordeaba la abadía, justo en la parte que separaba el pequeño huerto de la comunidad del antiguo cementerio con el que lindaba. El hermano Gundemaro, el más joven de los monjes (a quien vemos justo aquí arriba), fue enviado a investigar qué estaba sucediendo. Provisto de una antorcha y de la primera arma contundente que pudo encontrar en el trastero (por lo que se pudiera encontrar), salió al exterior...


...y "esto" es lo que vio. 


Gundemaro se quedó un instante petrificado...


...su rostro se contrajo en una mueca de terror sin nombre, y tras ese instante de vacilación salió corriendo "como si le persiguiese el diablo" (lo que en este caso no era una frase literaria) hacia el interior de la abadía para alertar a la comunidad. 


Enterados los monjes de la demoníaca incursión, la mayoría de ellos corrieron a refugiarse en los lóbregos sótanos del edificio. Sólo el Abad Sigerico y el hermano Eloíso-Abelardo tuvieron los arrestos para proveerse de buenas espadas y olvidándose mucho de jaculatorias y aguas benditas, salir a la fría noche dispuestos a exorcizar lo que hubiese que exorcizar. Eso sí: a lo bestia.


Pero... ¿dónde estaba el dichoso demonio...?


¡Ah, diablos...! -dijo el Abad- ¡Si está aquí mismo! 

¿Y... qué pasó después? Pues depende de lo que digan los dados, porque esto es un esbozo para una aventura monástico-fantástico-medieval.  ;) 


Esta figura de Reaper Miniatures, en su "diabólica horribilidad", se me antoja de una belleza plástica aplastante. El esculpido (obra de Bob Rodolfi) y los detalles anatómicos no pueden estar (en mi opinión) mejor ejecutados. Y carisma le sobra.


La figura es, según catálogo, un "Bat Demon"; es decir un "demonio murciélago". Aunque de murciélago sólo tiene las alas. Y cualquier demonio que se precie, ya desde Gustavo Doré y antes, en grabados medievales, aparece representado con alas de murciélago sin que nadie les haya denominado "demonios murciélagos". Pero en fin, para distinguirle con un nombre particular de sus hermanos de fábrica, admitamos lo de "Bat Demon".


En cuanto al color: Otros coleguitas han pintado esta figura en tonos violetas, negros, azules... y no les ha quedado mal... Pero para mi gusto un demonio-demonio tiene que ser "rojo como el infierno". Y por otra parte, este pintado me ha venido muy bien para experimentar con luces y sombras en el citado color que siempre es espinoso.


La idea de la "destrucción del muro" y la historia subsiguiente, me vino inspirada por las piedras que pisotea la bestia, ya presentes en la figura original, aunque he añadido unos cuantos cascotes más para ampliar la idea de "destrozo". 


En fotos anteriores no se aprecian los detalles de la pierna (o pata, si queréis) de la bestia. Aquí queda esta imagen para corregir tal carencia. También vemos los cascotes del muro destruido (de una cornada posiblemente) por el engendro. Que por cierto, como dijo el hermano Eloíso-Abelardo: "Pero si este mamarracho de demonio tiene alas... ¿por qué puñetas no ha entrado volando en lugar de escogorciarnos la tapia?"


Ahora veamos en detalle, arriba la figura del Abad Sigerico y debajo, la del hermano Eloíso-Abelardo; a Gundemaro ya le hemos visto bastante anteriormente. El hábito es el de la orden dominica (fundada por Santo Domingo de Guzmán en 1216). Al parecer, existen variantes del hábito dentro de la orden, por lo que después de rebuscar por ahí, he  elegido el esquema con que suele representarse a Fray Martín de Porres (el conocido "Fray Escoba").


El motivo por el que los he pintado como dominicos, es que su Orden fue habitualmente la encargada de mantener en funcionamiento la Inquisición. Dominicos fueron Torquemada y el inquisidor que aparece en "El Nombre de la Rosa". Aunque también destacaron (todo hay que decirlo) en la Escolástica, la Educación y en la defensa de los derechos de los indígenas americanos. También dominicos fueron Tomás de Aquino, Alberto Magno o Bartolomé de las Casas...


Y aquí queda el enfrentamiento diabólico-monacal, en espera de la tirada de dados. Lo tienen difícil los monjes: el demonio tiene 200 PV y produce un daño adicional de +2 por cada zarpazo y dentellada acertada. Y acierta desde 4 en una tirada de 2D6.

Hale, ¡con Dios...!  ;)



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Las figuras de los monjes son de "West Wind"; el demonio, 
de "Reaper Miniatures", todos en 28mm.