Desde hace algo más de cuarenta años, vengo traspasando a figuras de plomo las influencias que libros, películas, ilustraciones e incluso "comics", han ido dejando en mí.

Las figuras que pinto, son en su mayor parte "miniaturas militares", ya que ha sido la Historia, especialmente la Antigua y Medieval, mi mayor fuente de "inspiración". Las escalas más frecuentes que utilizo, son las de 15, 25 y 28 mm. Son las mismas que utilizan los "wargamers", con los que coincido en la necesidad de representar grandes unidades en un mínimo espacio.

Los textos con que acompaño las miniaturas, en ningún caso pretenden ser exhaustivos, ni estudios sobre el período de que se trate. Sólo trato de comentar sucintamente, el ambiente (histórico o imaginario) en que se movieron las figuras representadas.

Animado por amigos y familiares, y especialmente por mi amiga Kirei (artífice además, del soporte técnico que podéis ver), me decido a mostrar públicamente parte de mi colección. Continuaré añadiendo entradas periódicamente.

Llevado de mi impenitente cinefilia, me permito en algún caso, recomendar títulos que pueden ampliar datos a los posibles interesados en los temas tratados.

Espero que os gusten "mis" figuras. Si se os ocurre hacer algún comentario, sugerencia o rectificación, no dudéis en contactarme.

El terror octópodo - Arañas gigantes


Hace algún tiempo tuve ocasión de leer un artículo de divulgación científica, en el que se estudiaba el miedo en los seres humanos. El parámetro seguido para tal estudio era la medición de la dilatación y contracción de la pupila.

Es sabido que aparte servirnos para graduar la intensidad de la luz que nos "entra" en los ojos, las pupilas reflejan nuestras emociones: se dilatan si lo que vemos nos atrae, y se contraen si nos espanta o nos inspira rechazo. 


El experimento se llevaba a cabo conectando no sé qué chismes a los ojos de los/as voluntarios/as y proyectando después, ante ellos/as, imágenes a gran tamaño de toda suerte de bichos peligrosos o más bien asquerositos: desde tiburones, lobos o pulpos, hasta gusanos, escorpiones o cucarachas.

Campeona absoluta de este ranking del horror (según el citado estudio), fue la protagonista de esta entrada; especialmente entre el género femenino. Y habría que detallar que los participantes en el experimento eran occidentales, o de países occidentalizados. Porque curiosamente, en África, Asia y algunas partes de Oceanía, las arañas no solo no dan miedo, sino que pueden formar parte de suculentos menús.


Y por otra parte, nuestra octópoda protagonista, fue en la Antigüedad (y aquí incluimos la Antigüedad Occidental; recordemos el mito de Atenea y Aracné), muy respetada, como símbolo de laboriosidad y ejemplo para tejedoras e hilanderas. Estuvo presente en las mitologías de todo el mundo y la precisa geometría de sus redes siempre fue admirada por quienes tuvieron la paciencia y el interés de observarlas detenidamente. Y no puede ser casualidad que en las llanuras de Nazca (Perú) una de las figuras representadas desde hace siglos, sea una magnífica tarántula.

Podemos concluir que el miedo a la araña (o "aracnofobia", que es lo mismo pero con elementos patológicos) es algo propio de nuestra época y de sociedades industrializadas. Posiblemente porque se ha perdido en gran parte, el contacto con la naturaleza; y lo que en un tiempo fue "natural", se ha olvidado.


En nuestros días, relacionamos las arañas con el veneno, lo oscuro y lo amenazador. Y si una araña de tamaño "normal", puede provocar temor, el sentimiento se multiplica si pensamos en una araña de cuatro metros de alto. Afortunadamente, las arañas gigantes, "gigantes de verdad", no parecen haber existido jamás. Aunque apareciesen durante el Devónico, hace 416 millones de años y aunque hayan evolucionado de muchas y distintas maneras, el mayor ejemplar (fósil) que se ha encontrado, únicamente alcanzaba los 50 centímetros de pata a pata. Que ya está bien...

En la actualidad, la araña más grande conocida es la amazónica "Tarántula Goliat", que puede alcanzar los 35 centímetros y que con su tamaño, se puede permitir el lujo de atacar y devorar pájaros y ratones. Y aunque se oyen rumores de que podría existir en el Congo una araña ("J'ba Foti" según los indígenas), que llegaría al metro y medio, tales rumores no han sido confirmados... todavía.


Pero donde sí han existido indudablemente, arañas gigantes, ha sido en la Literatura y en la Cinematografía contemporáneas. En los años cincuenta, cuando la amenaza atómica se extendía por todo el mundo y los efectos de la radioactividad eran tan temidos como poco conocidos, la Ciencia Ficción cinematográfica, con la radioactividad como excusa, hizo crecer desmesuradamente hormigas, mantis religiosas, ratas, escorpiones... y por supuesto, arañas.


 Entre los títulos más recordados de aquellos años dedicados a nuestra protagonista: "Tarántula" (Jack Arnold, 1955) o "La Araña" (Earth vs. The Spider; Bert I. Gordon, 1958). Y aunque "El increíble hombre menguante" (Jack Arnold, 1957), no trataba el engrandecimiento de una araña, sino la miniaturización de un hombre (también provocada por la socorrida radioactividad), tenemos en tal título uno de los mejores combates entre un humano y un arácnido que nos dejó el Cine.


En cuanto a Literatura, el autor más destacado, que ha dedicado páginas enteras a las arañas gigantes, ha sido (¿cómo íbamos a dejar de citarle?), J.R.R. Tolkien, que en "El Silmarillion", nos contó las andanzas de Ungoliant y su oscura progenie; en "El Hobbit", los apuros que pasaron Bilbo y los enanos de Thorin con las Arañas del Bosque Negro (que no solo eran gigantes, sino además, muchas); y en "El Señor de los Anillos", nos detalló las maldades de Ella-Laraña (Shelob) en Cirith Ungol y cómo consiguió derrotarla el bueno de Samsagaz Gamyi.

Un recuerdo a Sam.

Se dice que Tolkien fue picado en su infancia por una araña, y que de ahí vendría su temor a esta especie. Pero él siempre negó tal temor; y nosotros pensamos más bien, que  lo que sentía Tolkien por las arañas era una inmensa atracción. Atracción que fue, y es, compartida por muchos. Y como producto de esa atracción, las arañas gigantes formarán siempre parte del conjunto de monstruos y seres fantásticos que pueblan nuestros tableros de mazmorreo.  ;)



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La figura es de:
Wizkids (plástico) 28mm.
(Bueno, sí; he dicho varias veces que "yo plástico no pinto", pero tal
afirmación necesariamente deberá tener excepciones, siempre 
que figuras tan atractivas como ésta, se comercialicen 
únicamente en plástico, y no en metal).



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Termino hoy (madrugada del 15 de mayo de 2018) la última de las doce entradas que prometí cuando publiqué la primera (de esta "tanda"), el 21 de abril pasado. Más de tres semanas en el intervalo, durante el cual, me he dedicado únicamente a fotografiar, montar y preparar textos. Durante este tiempo, no he pintado ni una figura, y el "mono" por pintar ya me puede... Y es que no estoy seguro de no estar perdiendo el tiempo con la elaboración de estos textos de apoyo a las figuras. Pero en fin, conque a uno, sólo a uno, de los que pasáis por aquí, le diviertan, le informen o le sirvan para acudir después a otras fuentes más serias que ésta, para ampliar información, daré por bien empleado el trabajo efectuado. Se trata de combatir el borreguerío que nos invade. Ahora, ¡a pintar! y como seguiré publicando por tandas... ¡hasta dentro de seis meses más o menos! Y que los dioses os sean propicios.  ;)



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